Radical Face ha sido uno de los mejores acompañantes en mis sesiones, no de escritura, pero sí de mapearla. Suenan a una esperanza contada desde un sitio antiguo y oscuro. Podría ser desde la tierra, desde la habitación de un adolescente con las persianas bajadas, los escalones de un callejón en la madrugada mientras se mira al cielo o desde una barca en medio del océano.
Es un proyecto narrativo-musical del estadounidense Ben Cooper, donde él, artista completo, explora diferentes sonidos basados en la identidad y la salud mental a raíz de su propia historia personal. Ben quería ser escritor antes que músico, pero uno de los detonantes que lo llevó a elegir el arte acústico fue un desafortunado accidente que borró de su disco duro dos novelas completas y varios relatos.
Me pasa eso y me da algo, amiga.
Horror o no, el caso es que Ben ha sabido construir una experiencia a raíz de su narrativa.
Cuando conocí Radical Face —que ni siquiera recuerdo cómo fue— no sabía nada de la construcción de las historias. Pero algo, no sé, llamémosle magia, imaginario colectivo… Algo en mí sentía lo que Cooper nos estaba contando.
Eso que replicaba con sus armonías, coros y melodías bonitas pero lúgubres, sonaba a desempolvar el último álbum de fotos, el más viejo, del cajón y beberlo con ojos curiosos. Reconocer miradas y rostros que no has visto nunca.
Reconocer la sangre.
Y hablar de aquello que pasó.

El proceso personal en el oficio del creador
Hace poco escuché otra entrevista más de Mariana Enríquez (mi pasatiempo atemporal favorito junto al chocolate) donde nos contaba que el uso de la IA podría amenazar a ciertos sectores pero que los lectores jamás estarían interesados en leer algo que está hecho por un robot, porque a los robots no se les ha muerto su padre con tres años o no han superado un cáncer.
Las historias de la IA jamás estarán vivas.
En el plano que nos concierne, cuando veo un proyecto tan rico como el de Ben, capaz de hacerse oír por encima del ruido de hoy día y que atravesó la frontera de mi memoria, me bastó con escucharle para saber que hablábamos de lo mismo.
Los referentes literarios de Ben para el proyecto de The Family Tree —que explicaré más abajo— fueron Cien años de soledad de Gabriel García Marquez y Al este del Edén de John Steinbeck.
Además de la literatura, si hablamos del ámbito sonoro, el universo de Radical Face no nace exclusivamente de la música folk. Ben Cooper ha reconocido influencias que van desde Neil Young, Simon & Garfunkel y Neutral Milk Hotel hasta Pink Floyd, Radiohead, Yes, la música clásica y las bandas sonoras. Su formación visual también aparece en el proyecto: comenzó dibujando cómics, videojuegos, anime y manuales de Dungeons & Dragons, y ha señalado expresamente la influencia del ilustrador Edward Gorey y del minucioso trabajo a tinta de Cerebus. En sus colaboraciones visuales busca, además, ese punto en el que lo real empieza a doblarse y se aproxima al realismo mágico para poder ser contado.

¿Por qué la música ayuda tanto?
Porque es emocional. Bajo mi propia experiencia clínica no diría que es imprescindible crear a partir de la música, pero sí a través de otras artes precisamente por lo que hablamos: la memoria.
La memoria está compuesta de múltiples caminos para llegar a un mismo lugar. Por diferentes motivos, algunos caminos están rotos, deformados o se han movido de sitio. Una de las cosas que puede activar la memoria es la emoción. Y ver un cuadro o escuchar una pieza, nos transmite justo eso. Pero además hay muchos estudios que defienden la correlación entre el uso de diferentes artes para la inspiración personal, entre ellas, la música.
Podría citar muchos estudios aquí pero creo que los compañeros de la Universidad de Honk Kong en su estudio de 2017 llamado «Emotional Reactions Mediate the Effect of Music Listening on Creative Thinking: Perspective of the Arousal-and-Mood Hypothesis», lo explican bastante bien. Lo dejaré debajo de este artículo para que podáis ojearlo, pero hay muchísimos artículos más que apoyan esta hipótesis.

The Family Tree: The Roots, The Branches, The Leaves
En su proyecto, Ben nos lleva por su mundo interno —algo que a mí me gusta muchísimo— y nos pasea por un realismo mágico —que también me gusta muchísimo— para entender cómo él escucha, siente y ve el mundo que ha creado.
A veces la ficción no nos aleja de la realidad. Nos proporciona la distancia necesaria para poder acercarnos a nosotros mismos.
En este proyecto, y a raíz de su propio árbol familiar, Ben construye tres EP donde puede notarse el paso del tiempo y las generaciones, desde lo rural que migra a lo industrial y de ahí a lo moderno: The Roots, con melodías más naturales compuestas con voces, piano, guitarra acústica; The Branches donde aparecen sonidos metálicos como guitarras eléctricas o percusiones más protagonistas y The Leaves, compuesta de elementos más modernos y electrónicos.
Todo dentro de una misma línea melódica, melancólica y esperanzadora para el propio autor. Aunque el proyecto no tiene un final claro, tampoco lo necesitamos.

En un mundo difícil, exigente y veloz, el lujo de parar y preguntarte quién eres desde dentro, desde las raíces, reconocerte en tu tronco y mirar hacia donde crecen tus hojas, es un lujo que deberíamos permitirnos todos.
Es ahí donde aparecen personas tan generosas y creativas como Ben Cooper.
Yo vuelvo a él.
A Radical Face.
Al árbol familiar.
No es tan fácil, no es tan rápido, pero es seguro.
Es más seguro situarnos en quiénes somos.
Y si nos sentimos seguros dentro de nosotros, pocas cosas tambalean nuestro hogar.
Gracias, Radical Face, gracias Ben, por hacer magia en mí. Por hacerme investigar. Y por creer que, aunque no lo supiéramos, algunas experiencias suenan como tú las creaste.
Para los científicos, el articulo que menciono: https://www.frontiersin.org/journals/psychology/articles/10.3389/fpsyg.2017.01680/full
Podéis encontrar a Radical Face en Spotify: https://open.spotify.com/intl-es/artist/5EM6xJN2QNk0cL7EEm9HR9