Los otros, de Alejandro Amenábar: la madre, la madrastra y el monstruo que vive en casa

Este artículo, al contrario que otros muchos de mi blog, sí que contiene spoilers. Si no has visto Los Otros, vela, por Dios bendito, y luego ya sigues leyendo.

Hace veinticinco años del estreno de este peliculón. Estamos de aniversario.

Aún recuerdo cuando, obnubilada con la trama sorpresiva, en una clase de inglés que salió el tema, por alguna razón se armó barullo y yo grité el final. Al acabar el vocerío, la profesora, muy seria, y sin aún contar en nuestro vocabulario con la palabra spoiler, preguntó: «¿Quién ha dicho el final en voz alta?». Nadie se pronunció. Como dice Joël Dicker en La muy catastrófica visita al zoo, a veces hay que permanecer en perfil bajo.

Qué mala, ¿no?

Supongo que no aguanté la euforia del descubrimiento. Creí que nadie me iba a escuchar. Eso lo pensaba mucho.

Pero hablemos de malos… o, como prefiero llamarlos: de conductas malas.

¿Qué mejor que empezar con una persona fuerte y ambivalente?

Cartel de la película (2001) donde aparece Nicole Kidman, actriz que da vida a Grace Stewart, sujetando —o dirigiendo— la verdad

Nos situamos en Estados Unidos, Jersey, 1945. La Segunda Guerra Mundial ha terminado.

Grace, ella, lo espera a él, Charles, a la vuelta del frente de batalla.

La espera se produce en una mansión cubierta de niebla, en un páramo solitario. No parece haber más casas al lado, no hay un pueblo cercano. 

Lo que sí hay es un cementerio.

También hay dos niños: Anne y Nicholas.

La casa permanece en penumbra, la madre nos cuenta, ante la llegada de unos sirvientes, que sus hijos padecen fotosensibilidad. Que deben cerrar las ventanas… y también las puertas

Bien de creepy la casita

No lo sabíamos al principio, claro.

La atmósfera cuenta con cada elemento que replica la sensación de esos niños y también la de ella antes de que pasara lo que esa madre evita que sepamos como espectadores. Lo que ella misma no puede mirar. Lo que hace que la casa esté inquieta.

Como en los clásicos victorianos de terror: la casa escupe lo que no se habla. En este caso, es un reflejo de la madre. Rígida, controladora y extremadamente religiosa.

Una amalgama de protecciones mentales que nos retuercen el alma.

Su autor, Alejandro Amenábar, señaló sus referencias en Jack Clayton y su película The innocents (bajo la dramaturgia de William Archibald), basada, a su vez, en el gran referente literario Henry James y su obra Otra vuelta de tuerca.

Para los que queráis algo más actual de este clásico podéis visitar la versión de Mike Flanagan: La maldición de Bly Manor.

La espera, el aislamiento y el miedo pueden ser los cimientos de un perfecto descenso a la desesperación cocinado muy lento entre esa espesa niebla.

Grace protegiendo a sus hijos

Ante toda la trama de investigación donde apenas se pueden hablar de los evidentes fenómenos insólitos que les rodean a ella, a sus hijos y a los sirvientes —que, por supuesto, saben más— no podemos dejar de ver a esta madre ambivalente e inestable como una figura cambiante y amenazante. 

Grace constituye, en palabras de Christopher Vogler, una guardiana de umbral y la propia sombra de esta historia para sus hijos.

En los cuentos clásicos, podemos vislumbrar la figura de la madre como alguien bondadoso, generoso y cuidadoso, no solo con sus vástagos, sino también con el hogar y con otras personas. Transmite así este ejemplo de seguridad y amor con los humanos

A la par que crecemos, la madre también lo hace.

La tradición literaria, a través de la influencia católica, se ha esforzado en compartimentalizar ambas figuras.

La madrastra es cruel, controla y pone límites.

La madrastra somos todas. Si somos madres también somos madrastras.

Esta es la fragilidad de Grace

Como madrastra sufre la incertidumbre sobre la muerte de su marido, la cual confirmamos a mitad de film, cuando Charles, aún estupefacto, pasa por casa.

No se queda, él continúa su camino porque sabe qué ha ocurrido. Él sabe que tiene que marcharse.

Grace y sus niños continúan, tras morir, con la angustia acechando detrás de cada ventana en forma de verdad.

Grace, en su sistema férreo de creencias, y ante el tremendo secreto, considera amenazante todo aquello que la rodea.
Las emociones encuentran los caminos para salir.

Más allá de las ventanas existe una realidad que ni ella ni los niños pueden ver.

Esto podría haberse mantenido así durante siglos, hasta que la casa es habitada por otras personas.

La realidad, aplastante en todas sus formas, pasa por la casa y por los que la siguen habitando, sin ser conscientes del paso del tiempo y de su propia luz.

En los Goya de 2002, Los otros obtuvo quince nominaciones y ocho premios, entre ellos película, dirección, guión original, fotografía, dirección artística, montaje y sonido.

La mezcla de sonido, música, silencios y visuales que potencia el secreto de la muerte de la familia nos hace estremecernos y descender, como un día hizo Grace, a la locura de no saber qué es real y qué no.

Si los otros son ellos o somos nosotros.

Alakina Mann, en el papel de Anne, en una de las escenas más aterradoras de la película.
La luz sigue estando en pequeñas dosis, recordándonos a los espectadores de que va el rollo.

Si bien la película no nos lleva a esta reflexión, ante un trabajo tan complejo que se nos hace un bocado delicioso a los amantes de lo oscuro, la tensión y los secretos que ven la luz, no puedo dejar de pensar en que la muerte es como la misma vida.

Una muerte tranquila o apacible —aunque ninguna lo sea— va seguida de una serie de acontecimientos y decisiones complicadas que configuran un sistema de seguridad y coherencia en los vivos. La realidad se acepta.

Las muertes complicadas o las almas atormentadas (quizás más las de los vivos), arrastran un entresijo de capas que ocultan una verdad que no encontró, en su día, un espacio seguro para salir.

Y a través de la muerte, sigue haciendo ruido.

¿Qué pasa si la madre también es una bestia hambrienta?

Las capas grises que conforman a Grace hacen que sea un personaje ejemplar donde podemos llegar a temerla y entenderla a partes iguales, a temer qué hará con sus hijos, a compadecernos por su larga espera.

Los buenos monstruos son estos.

Somos nosotros mismos.

Puedes revisionar Los Otros en Netflix: https://www.netflix.es

No me perdería por nada del mundo el pódcast de su rodaje: https://open.spotify.com/episode/4TzPT6563gjoGLi1lFtqaG?si=awlPY-b7Que1eaQNa6y0VQ

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